I
Simulador
II Concurso de periodismo de Aurora

¿Cuál de estos dos artículos crees merecedor del primer premio en el II Concurso de periodismo de Aurora?

[b]"De todo es responsable, el de la estrella", de Asier[/b]

Existe en este continente (VirtualPOL) una insidiosa manía, en la que cualquier cosa que no funciona u ocurre como desearíamos se convierte en responsabilidad y error del Estado, y por lo tanto del Gobierno. Y como el responsable del Gobierno es el Presidente, entendemos a la ligera que la estrella es plenipotenciaria, que todo lo puede un Presidente que tiene en sus manos unas saneadas arcas públicas y una reserva reglamentaria -ahora más que nunca- en divina conexión con el Kidemonas.

Nada más lejos de la realidad. Dirigir el despacho oval es poco más que un quebradero de cabeza, poco más que ser el líder del aparato -burocrático- del estado. Porque somos un estado burocrático, y eso no tiene que ser malo. Porque ser un estado burocrático equivale a un estado potente, que establece mediante una fuerte y fría administración el funcionamiento de las instituciones. No cambia, sin embargo, la realidad de cómo suceden las cosas en el ámbito de los y las de abajo –y de los de arriba-. Esto agrava el problema inicial. El líder del Estado Burocrático es San Papeles, el Presidente. Si el Presidente puede crear una norma vinculante en 5 minutos, que cree un sistema de bolsa de valores y un simulador económico magnífico... entonces ¡la culpa de la inexistencia de la economía debe ser del Presidente!.

Escrito sobre el papel resulta evidente, cualquiera podría decir que este artículo viene a comentar una perogrullada. Pero hay que entender que estos razonamientos que expongo están desprovistos de todo enlace con la realidad. Que los candidatos a Presidente -en especial aquellos que gustan de la economía- propongan magníficos y grandilocuentes modelos económicos, todos ellos activos, funcionales, dinámicos hasta la médula y, por qué no, perfectos, es una prueba de cómo creemos que un Presidente puede hacerlo todo. Un modelo económico que gestione bienes necesarios y escasos -el único método para crear un modelo económico- necesita de usuarios que entiendan tales bienes como necesarios y un mercado que distribuya tal escasez. La realidad es que no hay necesidades, y si se crean, no funcionan. La realidad es que no hay mercados, generalmente por la falta de usuarios activamente en busca de esos recursos escasos.

Esta no es, sin embargo, una critica a tales programas. Crear un modelo económico es una propuesta de carácter político que, en todo caso, no resta, a no ser que se reste en derechos. Eso es harina de otro costal. Quien lo proponga, se dará el batacazo, como se lo dieron otros, aunque eso, como diría mi cuñado, "es tu opinión".

Lo que vengo a criticar es a cómo políticos y ciudadanos achacan la falta de actividad -en cualquiera de sus variantes- al Presidente. Cómo políticos y ciudadanos achacan la falta de movimiento político a sus opositores. Y no al presidente como persona, no a Asew o Lord_Fyodor. Sino a la carencia de propuestas innovadoras de estos. Cómo los usuarios creen que los ejecutivos serán totipotentes y que la mera propuesta genera que las cosas funcionen.

Lo peor de todo, como siempre, es lo que subyace. Que el propio Presidente -todos ellos- se lo creen. Que Asew dedicase un ministerio entero a crear un modelo económico y bolsa. Que Terranova propusiese un simulador económico. También subyace a nuestro Presidente actual, por más que pidiese el voto por él.

Nuestros políticos -virtuales- deben saber leer el momento político en el que se encuentran. Nuestros políticos no deberían presentar un modelo económico en un momento de reflujo de la actividad. Nuestros políticos no deberían de proponer un aumento del tamaño de la administración cuando no hay actividad en las instituciones políticas. No deberían, no porque no me guste, sino porque debe estar en la "esencia" del ser político el estar ligado a la sociedad en la que vive. Sólo así, podrán ser buenos políticos, sea cual sea la clase social a la que le gobiernen.

No quiero decir, sin embargo, que estos grandilocuentes programas políticos, como el simulador económico, sean imposibles. Pero es un hecho evidente que no puedes llevar a una población absolutamente inactiva a conectarse a diario para controlar su producción de vaquitas. Un político –llámeme reformista- sabe como gestionar su poder político para ir actuando en favor de sus objetivos finales. Como diría Daniel Bensaid, ajustar las tácticas –las acciones diarias- para nuestras estrategias –el objetivo último-. Pero esa es una fuente muy trotskista, y los trotskistas son –somos- el demonio.

[b]"Elevación del sistema de ideales", de Lord Fyodor[/b]

La percepción de la democracia aurorense en los términos expresados por los inspiradores de movimientos políticos personalistas o títeres de un ideal superior -tal vez equivocado, sí, pero superior- es evidencia pura de la corrupción que ha sufrido la democracia en el contexto mundial y virtualpolés, en favor de su existencia como excusa para un determinado propósito y no como un fin en sí mismo.

Mientras escribo estas líneas, el Congreso del país -nosotros mismos por extensión- vota una propuesta de ley para que los cargos públicos del Poder Judicial se sometan a ratificación mensual, y el argumento del ponente no es otro que la democracia. Como democracia se califica a uno de los archiconocidos medios que posee la demagogia de obrar contra la aplicación de la justicia en su justa medida, la presión mediático-electoral.

No. Que los jueces deban someterse a procesos de renovación es legítimo y adecuado, pero que deban someterse a un referéndum mensual que evaluará su acción de forma vinculante en un país donde con una sentencia puede agraviarse a la mitad de la población, no es democracia; es vil corrupción del ideal de justicia. Es muy probable que la reforma sea aprobada, por un gran margen, debido al hecho de que la falsa percepción de la democracia ha monopolizado el debate. Pero la justicia no debe ser democrática, debe ser justa.

En la esencia de nuestro sistema institucional hay más ejemplos de esta tendencia, sin necesidad de remontarnos a conceptos tan abstractos como el ideal de justicia sobre democracia. El más significativo es el voto secreto, que también es democracia pura como todos sabemos. O eso se supone, porque la democracia directa imperante en Aurora, citando al politólogo revolucionario-conservador Carl Schmitt, debe basarse en la acclamatio; si bien el concepto de acclamatio atribuido a Schmitt es bastante rústico en tanto se refiere a un Estado total regido por la unanimidad por hecho, en el contexto aurorense sólo puede materializarse en el voto público para absolutamente todas las cuestiones, en la medida de lo físicamente posible.

Sólo mediante un voto público, sincero, coherente con el propio ideal, puede elevarse la democracia a la categoría de voluntad popular, verdadera voluntad popular. Sólo mediante una justicia despolitizada, que obre sin presión de una voluntad que es al fin y al cabo política, que aplique la justicia sin excesivas severidad o indulgencia, sino con suma atención a nuestras normas y al deber moral de independencia, puede asegurarse la pervivencia y elevación del ideal de justicia, verdadera justicia. Las impresiones generales de dichos ideales, usualmente erradas, han de tener una importancia testimonial y nunca decisiva sobre el citado proceso de elevación.

Debate: aquí.

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Resultado
Escrutinio
EscrutinioVotos
"De todo es responsable, el de la estrella", de Asier 5 62,50%
 
"Elevación del sistema de ideales", de Lord Fyodor 3 37,50%
 
En Blanco4
Legitimidad: 12 votos, 1 autentificados.
Validez: OK 91,7%
Validez
Argumentos
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